10 años del proceso de paz, 5 años del fin de las armas, 1 año de un Belfast libre del ejército británico... La capital de Irlanda del Norte vive un 2008 repleto de aniversarios, motivos suficientes de conmemoración o, al menos, de reflexión positiva. Católicos y protestantes -o nacionalistas y unionistas, o republicanos y loyalistas- llegan a la década en su lucha por la reconciliación. Un compromiso que, en aquellos lugares donde el conflicto se gestó, ha llevado a sus habitantes a convivir en una indiferencia casi absoluta. Los barrios de Falls Road y Shankill Road, separados todavía por el Peace Line (“La línea de la paz”) –un muro de medio kilómetro, y cerca de 15 metros de altura, construido en 1970 para evitar la violencia sectaria entre ambos bandos- son, todavía hoy, inconciliables en la práctica. “La paz política es real, la paz social son palabras aparte”, afirma Paul McNearny, vecino de Falls Road, taxista y expreso del IRA (Ejército Republicano Irlandés).
McNearny es miembro de una asociación conocida como Coiste (Coiste na n-Iarchimí, que significa “comité de exprisioneros”) que se dedica a realizar tours políticos por el área más católica del oeste de Belfast. Su historia es la de un adolescente de 19 años detenido en 1966 y condenado a 7 años en los Bloques H de la Prisión de Maze (conocida como la cárcel de Long Kesh) por colocar explosivos en un coche en una zona protestante, dentro de la llamada Economic Bombing Campaign (campaña de bombas por la economía del país). Esta prisión de máxima seguridad ubicada en Lisburn, cerca de Belfast, albergó hasta 25.000 acusados de formar parte de bandas armadas, tanto republicanas como unionistas, durante los 30 años que duró el conflicto. McNearny fue uno de tantos presos del IRA que protestaron por las malas condiciones en aquella cárcel de trajes obligatorios y trabajos forzados. “No éramos criminales, ni delincuentes comunes, éramos presos políticos”, se lamenta. Long Kesh se cerró en 2000 tras la excarcelación de los presos dictada por el Acuerdo del Viernes Santo.
McNearny conduce uno de los black taxis, transporte exclusivo en manos de los nacionalistas. “Los loyalistas llevan los taxis privados”, explica, “ellos no vienen aquí y nosotros no vamos allí, ¿para qué?”. Hay lugares de Belfast en los que nunca ha estado y no pisará jamás. Incluso cuando está de servicio prefiere dar más vuelta antes que pasar por según que zonas. Dice que no odia a nadie, ni a ingleses ni a protestantes, pero que detesta el stablishment británico por que es “arrogante y represivo”. Asevera que si tuviera una hija y ésta acabara con un protestante “no tendría nada que objetar, porque no se trata de religión, sólo de política. Por lo que nos llevaríamos bien, siempre y cuando no habláramos de temas políticos”. Reconoce que fue verdugo y fue víctima; perdió a su mejor amigo y a su sobrina en manos de sus opresores. “El conflicto no ha acabado, no se puede girar la tortilla. Se trata sólo de un proceso de paz”, expresa. No quiere ni oír hablar de un Ulster ni de una Irlanda del Norte, sino de un Norte de Irlanda. Tampoco le gustan los términos católico y protestante, “porque nada tiene que ver con la religión”. Prefiere hablar de republicanos y loyalistas o de nacionalistas y unionistas. “La única realidad es que la guerra ha acabado, pero no el conflicto. Yo tengo mi verdad y ellos la suya”.
En un momento, en que los acuerdos de paz ponen de moda los viajes a escenarios de conflicto existe una realidad humana y social mucho más interesante que los murales del International Wall con los que Falls Road da la bienvenida a sus visitantes. Esta pared internacional donde aquellos murales de brillantes colores hablaban de una Irlanda unida, gritan ahora por los conflictos mundiales actuales: Palestina, Irak, País Vasco… En el barrio de Falls, algunas iglesias se han convertido en cafés y centros cívicos, en bibliotecas, en puntos de reunión exclusivamente para católicos. Existe, no obstante, un acercamiento hacia las comunidades protestantes relacionado con estos tours políticos, ya que en ocasiones hacen intercambios con grupos tanto comunitarios como extranjeros “para que puedan conocer ambas versiones”, afirma McNearny.
Aunque no exista ningún tipo de diferencia física entre irish y british, como les gusta llamarse a nacionalistas y unionistas, son capaces de distinguirse “con solo cinco minutos de conversación”, según McNearny. Las escuelas a las que fueron, los barrios en los que viven, los equipos de fútbol a los que siguen… la vida cotidiana de la mayoría de habitantes de Belfast continua determinada por la comunidad a la que pertenecen, sin tener en cuenta a ninguna otra. De este modo, católicos y protestantes no se mezclan, cada sociedad vive inmersa en un microclima en el que sus hijos crecen condicionados por el pasado pero conscientes de que un futuro mejor es posible. Según McNearny, “no se trata de que los padres enseñen nada, es que tu creces rodeado de unas circunstancias determinadas que te afectan”, no obstante, “los jóvenes de hoy están más alejados del conflicto”.
4 comentarios:
Excelente reportaje Lessia! Me lo devore de una sola pasada. Una cosa es ver la tele y que te expliquen lo que pasa, pero nada como preguntarle a la gente que vivió y vive las cosas. Alguna vez leí algo: "Para entender una cultura es necesario desprenderte de todo juicio que te ate a la tuya".
Keep it coming!
Sebas
Gracias Sebas, me alegro que te haya gustado. Eres mi primer comentario, que ilusión!!
Pensaba que no lo leería nadie... Tu frase está genial, déjame que te cita otra de alguien a quien admiro un montón: “La mejor forma de conocer el mundo es hacer amistad con el mundo". R.Kapúscinski.
Me ha encantado. Has sabido mostrar, con tremenda naturalidad, uno de los grandes problemas de nuestro tiempo: Los conflictos ideológicos. En si, la existencia del IRA y, en general, los enfrentamientos armados sucedidos en Irlanda, no son más que una manifestación, aterradora, de lo que puede realizar el hombre a la hora de defender de sus principios.
Personalmente, encuentro fascinante la reflexión que hace un hombre condenado por terrorismo. Como justifica sus propias acciones del pasado y como continua defendiendo sus ideales, de cara al futo, aún habiendo pasado varios años en la carcel por haber puesto coches-bomba.
Y como veo que la cosa va de "frases", te dejo una que dijo Gandhi: "La violencia, es el miedo a los ideales de los demás".
Un beso,
Jordi Casas.
Merci Jordi. Es alucinante! Es muy dificil de explicar la adrenalina que senti esos tres días en Belfast... Quién me iba a decir a mi que acabaria comiendo brownie con las juventudes del Sinn Fein...
Espero algun día poder hacer muchos repors como este... y que tu los leas!!
Gandhi también dijo: "Ojo por ojo el mundo se vuelve ciego". [Aplicable a todos los aspectos de la vida... ;)]
Besos!
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