05/04/2009

Dancing queen

Todos habréis oído alguna vez la canción de ABBA que da título a este post. No es que yo sea la reina del baile, ni mucho menos… pero este fin de semana me han tocado la mejor melodía que una podría escuchar. Me gusta pensar que la amistad es como la partitura de una buena canción: con sus acordes y desacuerdos, su ritmo frenético o ralentí, con res y dos sostenidos…Yo sólo he tenido que dejarme llevar por su música, porque a veces cuesta… no dejarse llevar, eso no cuesta nada, sino entender el sonido de cada nota. Te puedes pasar la vida componiendo tu propia canción y nunca llegar a convertirla en melodía. Por eso dicen que las canciones, como los libros, al final se escriben solas. Siguen su propio curso. Tú eres sólo el instrumento que les da la vida o se la quita. Ellas, no las canciones, sino ellas ellas, me han vuelto a enseñar lo que muchas veces todos olvidamos: que la vida está compuesta de estrofas largas y armónicas y estrofas mucho más cortas e intensas, pero, sobretodo, que toda sinfonía tiene que desafinar. El mundo no es perfecto, pues vaya novedad sí, pero casi siempre lo olvidamos.


NOTA: Para vosotras, mis ellas.

2 comentarios:

Mire dijo...

En medio de la nada lo vi, subido en un banco que parecía expresamente puesto para él. Quería volver a volar, como siempre lo había hecho hasta ahora, pero no sabía qué hacer para recuperar sus alas. Era un ángel caído. Tu también lo viste, estoy segura.
Habrá que buscarle unas alas nuevas... ;)

Paula Mena dijo...

Tu nos inspiraste para conseguir esa melodía desafinada de esta vida imperfecta...aunque sí conseguimos que fuese una amistad perfecta.
Simpre habrá ángeles que te protegerán.