22/05/2009

Cocaína en suspensión

Supongo que no fui la única en conocer hace poco la noticia de que en Barcelona y en Madrid se han detectado altos niveles de cocaína en el aire. He recuperado una entrada de la web del diario El Mundo para aquellos que no tuvieron oportunidad de informarse bien de ello. El titular, para nada sensacionalista, decía: Madrid y Barcelona 'respiran' cocaína. Como subtítulos, el conocido periódico resaltaba tres datos. En primer lugar, Las muestras de Madrid son de un barrio con potencial comercio de drogas. Bueno pues ya me quedo más tranquila… aunque pensándolo bien, y dado la omisión de mi ciudad como dato representativo, ¿eso significa que en Barcelona todos los barrios son potencialmente focos de traficantes? El segundo aclaraba que Los fines de semana dan mayores concentraciones de drogas en suspensión. Vaya, menuda sorpresa… El tercero, a diferencia de los anteriores, procuraba evitar cualquier estado de paranoia colectiva (a la que estamos bastante acostumbrados con las gripes porcinas y demás…). Decía: Estos niveles no implican ningún riesgo para la salud. Ahora si que me quedo más tranquila.
Según los investigadores del CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científica), querían desarrollar un método analítico específico para detectar drogas en el aire y poder disponer de herramientas que permitan evaluar su consumo de forma rápida. La noticia aclaraba que se detectaron en el aire de estas dos ciudades hasta 17 compuestos pertenecientes a cinco clases de drogas: cocaína, anfetaminas, opiáceos, cannabinoides y ácido lisérgico (LSD, en lenguaje común). Así que midiendo, en picogramos (la billonésima parte de un gramo), la cantidad de partículas en el aire de éstas sustancias se podría saber cuantas drogas se consumen en ciudades como Madrid o Barcelona. Claro, es muy habitual que, a excepción de los porros, las pastillas y la farlopa se consuman preferentemente vía pulmonar. Sin embargo, más adelante se puntualizaba que los resultados del estudio no son representativos porque únicamente se trataba de poner a punto la metodología. Aaa, bueno entonces no pasa nada.
El último párrafo de la primera parte de la noticia detallaba que en el caso de Barcelona, los niveles de cocaína detectados son similares a los de algunos metales pesados como el cadmio o el bismuto, que son contaminantes habituales de la atmósfera. Teniendo en cuenta que el cadmio es el componente esencial de las pilas y que el bismuto, utilizado principalmente en la fabricación de cosméticos y fármacos, se obtiene como subproducto del refinado de cobre, el plomo y el estaño, la mezcla debe ser brutal. Menudo colocón. Aunque, algunos ya estarán pensando en que empiece a aumentar la producción de mascarillas.
Para acabar se introducía otro dato a considerar: En el caso de la heroína, en el estudio se han detectado niveles detectables en las muestras de Madrid, pero no en Barcelona. Cosas de la movida… Además, los autores del trabajo han asegurado que estos niveles de drogas en suspensión en el aire no implican ningún riesgo para la población porque "ni viviendo mil años se llegaría a consumir el equivalente a una dosis de cocaína por respirar este aire". Menudo bajón, más de uno ya se había empezado a hacer ilusiones. Al menos el mercado del narcotráfico no se verá perjudicado.
Lo mejor del artículo eran, sin duda, algunos de los 84 comentarios que suscitó, de los cuales destacaré dos. El de un tal dublines3 que preguntaba, con mucho rintintin, si las muestras se habían tomado en los baños de una discoteca y concluía que estos estudios demuestran lo avanzado de nuestro país. Y el del archiconocido Anónimo que calificaba a los autores del estudio como fanáticos ultranacionalistas antitabaco.
La lectura de esta noticia me suscita un sin fin de comentarios cínicos acerca del modo de informar y de la profundidad de las investigaciones que se llevan a cabo con el dinero del contribuyente, pero, por encima de todo me alegra saber que todavía queda gente con sentido del humor. ¿Será del aire que respiran?

NOTA: http://www.elmundo.es/elmundo/2009/05/13/espana/1242226491.html