Extraño recorrido es ese en el que viajas acompañado pero a nadie conoces. En mi último viaje en autobus, vi y conocí. Reflejada en la ventana, era una chica morena, de labios carnosos y ojos tristes marrón coca cola. Brillantes y tristes. Me sonrió cordialmente. Me acerqué y le dije: no llores más. Volvió a sonreír. ¿Cómo evitarlo? Me dijo. No se puede. Pero no lo hagas más. Le dije yo. Odio a los poetas. Añadió. ¿Por qué? Le pregunté. Por mentirosos, respondió. ¿Acaso los creíste alguna vez? Inquirí. ¿Y quién no? Aclaró ella. ¿No has pensado en que, quizás, no es en ellos en los que perdiste la fe? Insistí. Se calló.
Pasaron diez minutos. Diez largos y silenciosos minutos.
¿Tú confías? Me preguntó de repente. ¿En quién? ¿En mí? Contesté confusa. Y que me queda si no… Nadie podrá nunca ser más sincero; y aun así te mentirás, añadí. ¿Entonces para qué? No vale la pena, concluyó. Y yo le dije: para vivir. La vida que ansias no podrá ser nunca la vida que vivas. No es lo mismo vivir deseando lo que no tienes, que vivir disfrutando de lo que consigues. Ambas cosas no son compatibles, amiga mía.
¿Si no debo luchar por lo que quiero, debo entonces conformarme con lo que tengo? Preguntó cínicamente. No, solamente confiar en que conseguirás todo aquello que anhelas cuando seas capaz de comprender que hay cosas que nunca lograrás. Los poetas no mentían, simplemente querían y más querían.
En la siguiente parada me bajé. No volví a ver a la chica de ojos brillantes y tristes color coca cola. Entonces me di cuenta que esa parte de mí por fin se había esfumado y volví a creer.
Pasaron diez minutos. Diez largos y silenciosos minutos.
¿Tú confías? Me preguntó de repente. ¿En quién? ¿En mí? Contesté confusa. Y que me queda si no… Nadie podrá nunca ser más sincero; y aun así te mentirás, añadí. ¿Entonces para qué? No vale la pena, concluyó. Y yo le dije: para vivir. La vida que ansias no podrá ser nunca la vida que vivas. No es lo mismo vivir deseando lo que no tienes, que vivir disfrutando de lo que consigues. Ambas cosas no son compatibles, amiga mía.
¿Si no debo luchar por lo que quiero, debo entonces conformarme con lo que tengo? Preguntó cínicamente. No, solamente confiar en que conseguirás todo aquello que anhelas cuando seas capaz de comprender que hay cosas que nunca lograrás. Los poetas no mentían, simplemente querían y más querían.
En la siguiente parada me bajé. No volví a ver a la chica de ojos brillantes y tristes color coca cola. Entonces me di cuenta que esa parte de mí por fin se había esfumado y volví a creer.
2 comentarios:
Me alegra saber que nunca volverás a verla!
Y hablando de coca cola... a ver cuando me vuelves a hacer el pollo que estaba riquísimo!
muaks!
Simplement, genial...
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