16/09/2009

Ir mat, Bretagne!


Mardi 8

Camino a Saint Maló nos desviamos. ¿Conoces Concal?, me pregunta. Ahora le respondería: ¿Cómo olvidarlo...? La carretera de acceso me transporta por un momento a mi querida costa brava: las curvas, el paisaje frondoso que te impide ver el final... y de pronto de entre la maleza aparece tu destino, como al entrar en Port de la Selva por la carretera de Llançà o como al llegar a Cadaqués desde Port de la Selva. A medida que avanzamos se abre un pueblo pescador, una fila de casas bajas y coloridas bordean la carretera principal por su lado izquierdo. A la derecha, sólo el mar. Bueno, más bien sólo arena encharcada. La panorámica es inolvidable, barcas reposando en la arena, tumbadas esperando a que suba la marea para danzar entre las olas. Hacia el final del paseo encontramos tres paradas de venta, venden mejillones y ostras a 3€ el plato. “Aquí viene la segunda parte de la sorpresa”, me dice Guigui, “Huitres!”. Ostras frescas con un poco de limón. Todavía se mueven. Riquísimas, aunque es el típico manjar que si te quedas mirando más de un minuto te resulta repulsivo. Mejor abrir y comer, abrir y comer. A nuestras espaldas se encuentran los criaderos. Buscamos un lugar para comer. Yo esperaba Mules frites pero Guigui quiere que pruebe las galletes. De aperitivo: frutas secas y Pommeau-Choucheu (una especie de licor dulce). Me pido una con todo: jamón, queso, champiñones, chorizo, huevo... Un placer. Bebemos sidra bretona. La verdad, no me gusta, pero la bebo igual. Brindamos en bretón: Ir mat! (ellos también tienen su propio idioma). Pienso que a veces cuando más sólo quieres estar, más compañía necesitas. Me alegro de que Guigui esté aquí.

El sol brilla en todo su esplendor, reflejándose en el suelo húmedo y barroso. No puedo evitar chapotear descalza entre las barcas, quiero notar esa sensación viscosa que provocaba ruiditos insoportables bajo mis zapatos. Es agradable y asqueroso a la vez. Me siento como un niño estrenando botas de agua, sólo que con miedo a resbalar y caer. Caminamos hasta el coche, mejor esperar a que el barro se seque, está imposible de sacar y me estoy poniendo como un cristo. Debemos llegar a Saint Maló a una hora prudente, no tengo donde dormir.